La historia política y social del Ecuador en el siglo XIX y a inicios del XX estuvo marcada por cambios importantes que redefinieron la organización del Estado y la identidad del país. Desde la Revolución Marcista de 1845 hasta la Revolución Liberal de 1895, la nación evolucionó desde un modelo autoritario y confesional, heredado del orden colonial, hacia un modelo de Estado más contemporáneo, laico y centralizado. Estas revoluciones no solo fueron levantamientos políticos, sino expresiones profundas de las tensiones entre regiones, clases sociales e ideologías. En estas se confrontaron los proyectos conservadores de la Sierra y las fuerzas liberales de la Costa, las cuales promovían el libre pensamiento, el avance económico y la secularización estatal.
El liberalismo, consolidado con el liderazgo de Eloy Alfaro, significó la base ideológica de la construcción del Estado moderno ecuatoriano. Su influencia se manifestó en la creación de instituciones civiles, en la legislación social que reguló la vida ciudadana y en la expansión territorial mediante obras públicas como el ferrocarril interandino. No obstante, tanto la Revolución Marcista como la Liberal revelaron las persistentes desigualdades sociales y los conflictos regionales que dificultaron la plena integración del país. Estudiar estos procesos permite comprender cómo la lucha por la libertad, la justicia y la modernización fue, a la vez, una confrontación por el control político, económico y simbólico del Ecuador que conocemos hoy.
Las leyes y las normas sociales
Las leyes y las normas sociales son instrumentos fundamentales que regulan la conducta humana dentro de una sociedad, aunque difieren en su origen, obligatoriedad y forma de aplicación. Las leyes son disposiciones jurídicas creadas por una autoridad legítima del Estado (como el poder legislativo) con el objetivo de ordenar la convivencia, garantizar derechos, establecer deberes y sancionar comportamientos que vulneren el bien común. Su cumplimiento es obligatorio y su incumplimiento acarrea sanciones legales, como multas, prisión o pérdida de derechos. En este sentido, las leyes conforman el marco formal que sostiene el orden jurídico de un país, asegurando que las relaciones entre individuos e instituciones se desarrollen bajo principios de justicia, equidad y seguridad jurídica. Por otro lado, las normas sociales son reglas de comportamiento que surgen de manera espontánea dentro de una comunidad, grupo o cultura, basadas en valores compartidos, costumbres y tradiciones. A diferencia de las leyes, no están escritas ni son impuestas por una autoridad estatal, sino que se transmiten de forma informal a través de la socialización. Su cumplimiento no implica sanciones legales, pero sí puede generar recompensas o sanciones sociales, como la aprobación, el reconocimiento, la crítica o el rechazo. Estas normas buscan mantener la armonía, la cohesión y la aceptación dentro de un grupo, influyendo en la forma en la que las personas se relacionan y se perciben mutuamente.
Control territorial
El control territorial se entiende como el grado de dominio, influencia o autoridad que un actor —ya sea el Estado, un grupo político, militar, económico o social— ejerce sobre un espacio geográfico determinado y sobre la población que habita en él. Este control implica la capacidad de regular el uso del territorio, imponer normas o leyes, administrar recursos naturales, garantizar seguridad y mantener el orden social dentro de los límites establecidos.
En el caso del Estado, el control territorial representa uno de los pilares fundamentales de la soberanía, ya que le permite ejercer su poder político, económico y jurídico sobre una porción definida del territorio nacional. Dicho control se materializa mediante instituciones como las fuerzas armadas, la policía, el sistema judicial, las autoridades locales y los servicios públicos, que garantizan la presencia y legitimidad del Estado frente a otros actores.
El liberalismo en el Ecuador resulta fundamental para comprender la construcción del Estado moderno: por un lado, implicó la modificación de quién ejercía el poder político, y por otro, la transformación de las instituciones, las relaciones entre el poder político, la Iglesia, la sociedad, la economía y el territorio. En el Ecuador, tras la independencia de 1830, prevaleció el modelo conservador, que estaba fuertemente vinculado al poder de la Iglesia Católica, al latifundismo y a un Estado con escasa intervención en las libertades individuales (o con numerosas restricciones), lo cual reflejaba las estructuras heredadas de la colonia.
En cambio, el liberalismo abogaba por la libertad de pensamiento, culto, negocio, equidad jurídica y la importancia del Estado contemporáneo como protector de dichos derechos. No se trataba de un liberalismo abstracto, sino de un liberalismo "burgués", que también se adaptaba a nuevas clases sociales en ascenso como los comerciantes, exportadores, la burguesía costera y grupos intelectuales jóvenes.
Figura 1
El liberalismo
Nota. Mapa mental que sintetiza las principales características del liberalismo y su organización temática para una lectura rápida. Elaboración propia.
Imagínate un edificio viejo que funciona con muebles antiguos, con iluminación tenue, pasillos angostos y muchas puertas cerradas. Para hacerlo moderno, no basta con pintar: hay que cambiar la estructura, abrir ventanas, instalar iluminación, sistemas eléctricos nuevos, asegurar que cada habitación tenga acceso al agua, al calor, a la ventilación. En el Ecuador, el liberalismo implementó algo similar: estableció nuevas normativas, estableció nuevas entidades, estableció nuevas dinámicas de poder.
Entre las modificaciones específicas se encuentra la separación entre la Iglesia y el Estado: el liberalismo abrió el camino para que el Estado dejara de ser meramente un ejecutante de las directrices de la Iglesia; se redefinió la autoridad civil, se permitió la libertad de culto y se permitió la instrucción pública de índole laica.
Antes, los registros de nacimiento, matrimonio o defunción estaban principalmente en poder de la iglesia; con el liberalismo, pasaron a ser del Estado. Además, surge la Constitución de 1897, en donde se reforzaron esas libertades, igualdad ante la ley, libertad de culto y restricciones al poder religioso.
Por otro lado, se construyó infraestructura pública moderna: ferrocarril Transandino (Quito-Guayaquil), mejoras en comunicaciones y carreteras. Esto permitió conectar regiones, consolidar la economía y aumentar la presencia estatal en territorios remotos.
Para que un Estado moderno funcione, no basta con leyes o buenos principios; necesita autoridad real, medios para imponerlas, presencia institucional en todo el territorio, capacidad de tributación, ejército u organismo que garantice seguridad y una administración que funcione.
Por ejemplo, el Estado liberal invirtió en obras públicas (ferrocarril, puentes, carreteras) que tienen función económica y política: con ellas el Estado demuestra presencia, imposición de reglamentos, obtención de impuestos y administración local bajo supervisión central.
Sin embargo, toda construcción del Estado moderno tiene resistencias: En primera instancia, la Iglesia, que pierde privilegios, tierras y autoridad moral/política; luego, encontramos el rechazo de las élites tradicionales de la Sierra, que ven en el liberalismo una amenaza a su poder local, al control de mano de obra indígena o campesina y a los sistemas tradicionales de dominación. Finalmente, la geografía resultó un desafío por la presencia de montaña versus costa y dificultades de transporte que atenúan la capacidad del Estado para llegar a todos los rincones.
Figura 2
Resistencias ante el Estado moderno
Nota. El gráfico sintetiza las resistencias surgidas durante la instauración del liberalismo como parte de la gestión moderna del Estado y organiza sus manifestaciones para una lectura comparada. Elaboración propia.
El liberalismo fue un programa ideológico y un proyecto concreto de transformación institucional, social y territorial. Construyó al Ecuador moderno al redefinir qué instituciones importan, quién tiene derechos, cómo se gobierna, cómo se conecta y administra el territorio. Fue un puente entre la República temprana y un Estado nacional eficiente. Sin embargo, tampoco fue perfecto ni completo; muchos grupos sociales continuaron excluidos, y algunos logros se vieron limitados por desigualdades, resistencia o crisis económicas.
13.1 Revolución marcista
La Revolución Marcista (o de marzo de 1845) es uno de los primeros episodios decisivos del Ecuador republicano. Se alzó el 6 de marzo de 1845, en Guayaquil, contra el presidente Juan José Flores. Primer presidente constitucional del Ecuador tras la ruptura con la Gran Colombia, quien había prolongado poder, buscado modificar la Constitución para seguir en el gobierno. El levantamiento fue liderado por facciones rebeldes llamadas “marcistas”, que querían terminar con lo que consideraban un gobierno autoritario, dependiente de Flores, que estaba cerrado al cambio y a las libertades políticas.
Imagina una casa vieja con puertas tapiadas, ventanas rotas, y las personas que viven dentro quieren aire fresco, poder abrir ventanas, decidir sobre sus espacios. La revolución marcista fue como golpear esas puertas que impedían el paso del aire: exigía abrir espacios de participación, limitación del poder absoluto y responsabilidad política.
Entonces, surge el cambio de gobierno: se derroca a Flores, y se da paso a un nuevo régimen con líderes más inclinados al liberalismo o a modelos mixtos, como Diego Noboa, Vicente Ramón Roca, etc. Con ello, se puso fin a la denominada “dominación extranjera militar” y disminución del poder autoritario personalista. Flores había contado hasta con influencias externas, dependencias militares que lo apoyaban. Con la Revolución Marcista se produce una valoración mayor de la institucionalidad.
Entre los logros de la revolución marcista podemos destacar que se instalan nuevas autoridades, constituciones que intentan reglamentar el ejercicio del poder y evitar reelecciones arbitrarias, así como mejora de algunas libertades políticas, aunque muchas restricciones permanecieron, especialmente en regiones alejadas, o derechos de indígenas campesinos.
Las principales limitaciones se dieron por la persistencia de estructuras sociales coloniales, como la desigualdad, la concentración de la tierra, la exclusión política de indígenas y de montubios en muchos espacios, un Estado aún débil en muchos territorios, comunicaciones lentas, falta de infraestructura y escasa presencia estatal efectiva en áreas rurales.
Como legado se puede mencionar que la Revolución Marcista abrió la posibilidad de que el Ecuador dejara de ser gobernado por figuras autoritarias y de imposiciones constitucionales. Fue un precedente para posteriores revoluciones (como la Liberal) de que el cambio institucional y político es posible.
Figura 3
Revolución Marcista
Nota. La figura organiza las bondades y desafíos más relevantes de la Revolución Marcista para una lectura comparada. Elaboración propia.
La Revolución Liberal (5 de junio de 1895 en adelante) es, junto con la Revolución Marcista, uno de los grandes horizontes de transformación en la historia ecuatoriana.
El conservadurismo había dominado durante décadas, con gobiernos como el de García Moreno, con fuerte alianza Estado-Iglesia, control clerical sobre educación y cultura y privilegios de clases tradicionales, emergencia de la burguesía exportadora de la Costa (cacao, comercio, banca), que demandaba mayor libertad económica, menores barreras fiscales y políticas y una institucionalidad más moderna. Así como malestar popular frente a abusos de poder, corrupción (por ejemplo, el escándalo de la llamada “Venta de la bandera”), oligopolios terratenientes, el sometimiento de mano de obra indígena o campesina bajo condiciones injustas.
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Para conocer más sobre El escándalo de la llamada “Venta de la Bandera”, video dinámico narrativo sobreun acontecimiento histórico del Ecuador a finales del siglo XIX que puso fin al Gobierno del Dr. Luis Cordero Crespo y a la era progresista en Ecuador, dando paso al ascenso de la época Liberal en el Ecuador. ¡Accede aquí!
El 5 de junio de 1895 se proclama en Guayaquil la rebelión liberal, bajo liderazgo de Eloy Alfaro, quien se asocia con sectores diversos: exportadores costeros, comerciantes, intelectuales, sectores populares, trabajadores urbanos, campesinos. Se libraron batallas (Batalla de la Carreta, Batalla de Gatazo) contra los conservadores. Alfaro, tras entrar al poder, convocó constituyentes, sancionó la Constitución de 1897 e impulsó reformas profundas.
Entre las reformas principales podemos encontrar:
Educación laica, gratuita, enseñanza pública, temporalizarla bajo control del Estado. Se crearon escuelas normales para maestras.
Separación Iglesia-Estado, libertad de culto, abolición del catolicismo como religión oficial.
Registro civil, matrimonio civil con posibilidad de divorcio.
Obras públicas: ferrocarril, carreteras, comunicaciones, para articular Costa y Sierra.
Imagina una ola que parte fuerte con energía, golpea la costa con fuerza, luego se extiende hacia el interior, pero va perdiendo algo de fuerza, modera su fuerza, se fragmenta, se difumina, hasta volverse más llana. Algo similar pasó: la fase radical liberal (1895-~1912) fue vigorosa; luego, tras la Hoguera Bárbara (1912) y la muerte de Alfaro, el liberalismo toma una dirección más moderada o, como algunos dicen, “plutocrática”: dominada por intereses económicos fuertes, con menos impulso social.
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Para conocer más sobre La Hoguera Bárbara, Narración sobre el hecho histórico que acabó con la vida del general Eloy Alfaro, culpando a la muchedumbre quiteña de la época de ser responsable de este acto. ¡Accede aquí!
Las reformas permitieron la transformación real del Estado por medio del establecimiento de instituciones laicas, modernización administrativa, presencia estatal más fuerte fuera de los centros urbanos, así como la reconfiguración social, pues hubo avances para mujeres, para trabajadores, para algunos sectores indígenas o campesinos, por medio del reconocimiento legal de sus derechos básicos civiles. Se implantó la idea de ciudadanía, de derechos, de participación política, de respeto a la ley como algo más importante que el orden tradicional.
No todos los grupos sociales se beneficiaron por igual: la Costa se volvió el centro del poder liberal mejor que la Sierra; en zonas rurales indígenas las condiciones siguieron siendo adversas. Además, las crisis económicas mostraron que la dependencia exportadora tenía sus vulnerabilidades, a lo que se sumaron fragmentaciones internas del liberalismo entre radicales versus moderados, intereses de élites versus demandas populares.
Los conflictos regionales y los actores sociales son fundamentales para entender cómo se desarrollaron la Revolución Marcista, la Revolución Liberal y, en general, la historia política del Ecuador.
Iniciemos con la identificación de los principales actores sociales de la época descritos a continuación:
Indígenas y campesinos: muchas veces marginados, sujetos de “derechos coloniales” o de relaciones de dependencia, con escasa participación política, con cargas fiscales desproporcionadas, con poca educación.
Burguesía comercial/exportadora de la costa:productores de cacao, comerciantes, banqueros. Tenían interés en libertad económica, exportaciones sin muchas trabas aduaneras, infraestructuras para sacar su producto al mercado.
Terratenientes andinos (Sierra): propietarios agrícolas, con grandes haciendas; su base de poder era local, con dominio sobre campesinos indígenas bajo formas tradicionales de trabajo agrícola, muchas veces con obligaciones personales o tributo.
Trabajadores urbanos: artesanos, obreros en las ciudades costeras (Guayaquil, etc.), con demanda de derechos laborales, mayor participación política.
La Iglesia: actor social poderoso, no solo religioso, sino con gran capacidad de educación, propiedad de tierras, influencia moral, medios de comunicación y redes sociales tradicionales.
Figura 4
Actores sociales
Nota. La pirámide identifica a los principales actores sociales involucrados y organiza su participación en la Revolución Marcista y la Revolución Liberal en Ecuador. Elaboración propia.
Piensa en un país como un sistema de ríos que fluye hacia un lago; los tributarios de la Costa y la Sierra tienen diferentes fuentes, diferentes pendientes, diferentes vientos que los azotan. A veces, uno se celebra más: la Costa ganó fuerza durante el liberalismo, pero antes la Sierra era la sede del poder conservador.
Como en otros períodos históricos, los conflictos regionales se hacían presentes, pues desde los albores de la República, la discordia entre la región costeña (más abierta al comercio internacional, con puerto y exportación) y la región andina (más cerrada, más control tradicional, mayor presencia de la Iglesia) fue una fuente central de tensión. Bajo el liberalismo, la Costa ganó influencia política e impulsó sus intereses económicos.
La rivalidad regional se replica en la ciudad versus campo, dado que los centros urbanos crecían, tenían clases medias, trabajadores, ideólogos, periódicos, prensa, mientras que el campo muchas veces permanecía con relaciones tradicionales, menor infraestructura y aislamiento. De hecho, las reformas liberales intentaron penetrar al campo, pero con desigual éxito.
También se podía encontrar competencia entre las localidades versus el poder central. Muchos municipios, provincias, actores regionales querían conservar autonomía, privilegios fiscales y sus costumbres; mientras que el Estado moderno liberal buscó estandarizar, centralizar, imponer leyes nacionales, lo que chocaba con actores locales.
Por otro lado, los actores sociales se convirtieron en agentes de cambio: la burguesía costera financió y movilizó rebeliones; los intelectuales sustentaron la ideología; las clases populares protestaron participando en batallas; mientras que los indígenas resistieron o negociaron. El liberalismo no habría triunfado sin la conjunción de esos actores.
Figura 5
Roles de los actores sociales
Nota. El gráfico resume los principales aportes de cada actor a los cambios históricos en el Ecuador y organiza la información para una comparación rápida por categorías. Elaboración propia.
Este tema combina dos aspectos: las leyes y normas sociales que se promulgan, y las formas en las que el Estado busca controlar el territorio.
Las leyes son los reglamentos que rigen una casa común; sin ellos, cada uno actúa según su interés y la convivencia sufre; con leyes bien diseñadas, hay equidad y se protege a quienes están más débiles.
En la revolución liberal, una parte importante del programa legal fue social, por medio de la promulgación de leyes que favorecen la igualdad ciudadana, eliminan privilegios legales antiguos (como los fueros eclesiásticos), permiten el matrimonio civil, el divorcio, libertad de culto e instrucción pública laica. La legislación social también incluyó mejores políticas educativas, acceso estatal a la enseñanza, creación de instituciones de salud pública, etc., aunque con avances limitados inicialmente.
Además, durante la Revolución Marcista hubo intentos de reformar leyes para limitar reelecciones arbitrarias, reorganizar la administración del Estado y reforzar constituciones. Estas normas políticas tienen también dimensión social porque establecen derechos ciudadanos.
Figura 6
Legislación social de la Revolución Liberal
Nota. La figura resume los aspectos más relevantes de la legislación social impulsada durante la Revolución Liberal en Ecuador. Elaboración propia.
Por otro lado, el se refiere tanto al dominio geográfico como al dominio institucional: el Estado debe ser capaz de administrar, imponer leyes, recaudar impuestos y ejercer autoridad de manera efectiva sobre el territorio.
Si pensamos en el territorio como un jardín, el es como cercarlo, sembrar caminos, regar, cuidar cada planta; si solo lo ves desde lejos, las áreas centrales estarán bien, pero los bordes se llenarán de maleza.
Figura 7
Control territorial
Nota. El gráfico sintetiza las principales implicaciones del dominio geográfico e institucional durante la Revolución Liberal. Elaboración propia.
También surge el establecimiento de jurisdicciones nacionales uniformes: leyes nacionales, constituciones, registros civiles, juzgados estatales, municipios dependientes del Estado nacional, lo que implica que todo territorio esté bajo la misma ley. Dicha legislación regulaba la tierra, la propiedad y los derechos indígenas, tratando de imponer estructuras legales nacionales sobre tierras comunales y huasipungos, con lo que hubo conflictos.
Si comparamos la Revolución Marcista con la Liberal, encontramos que en el primer caso hubo limitado alcance social; su legislación política más centrada en cambiar gobierno, en evitar dictaduras, en reglamentar poder; más débil por falta de recursos, terreno difícil y escasa infraestructura. Mientras que en la Liberal hubo un alcance legislativo de carácter social, más inversiones en infraestructura, mayor voluntad estatal de penetrar territorios distantes e interconectar regiones.
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Este recurso te ayudará a enfatizar sobre El poder de la Iglesia y de los jesuitas sobre la educación en el Ecuador antes del liberalismo. ¡Accede aquí!
Auge cacaotero, crisis liberal y reacción conservadora
Introducción
La etapa que se extiende desde finales del siglo XIX hasta las primeras décadas del siglo XX constituye una de las fases de mayor cambio histórico en Ecuador. Durante estos años, el país transitó de una economía agraria y oligárquica hacia los primeros intentos de modernización estatal y justicia social. El auge del cacao impulsó una bonanza económica sin precedentes, pero también profundizó las desigualdades sociales y regionales. La Revolución Liberal de 1895, encabezada por Eloy Alfaro, marcó un hito al promover la secularización del Estado y la modernización de las instituciones, aunque sus logros se vieron limitados por la dependencia de las exportaciones y la concentración del poder económico en pocas manos.
En una etapa posterior, el predominio plutocrático consolidó el control de los banqueros y exportadores sobre el Estado, lo cual provocó un descontento social y un nuevo ciclo de manifestaciones populares. La emergencia social y la protesta política reflejaron el despertar de las clases trabajadoras y el surgimiento de nuevas ideologías que cuestionaron la injusticia estructural del país. Este proceso alcanzó su apogeo en la de 1925, cuando un conjunto de oficiales militares jóvenes derrocó a la e inició una reforma institucional de gran envergadura. Estos sucesos, en su totalidad, demuestran cómo las tensiones entre economía, poder y sociedad configuraron el Ecuador contemporáneo, estableciendo los fundamentos del Estado contemporáneo y de sus desafíos sociales y políticos subsiguientemente.
Plutocracia
Hace referencia al período comprendido aproximadamente entre 1912 y 1925, durante el cual el poder político y económico estuvo concentrado en manos de una élite de banqueros, comerciantes y exportadores, especialmente vinculados a la ciudad de Guayaquil. Este grupo controló las principales instituciones financieras del país, como el Banco Comercial y Agrícola, y utilizó su influencia para dirigir las políticas económicas y monetarias en beneficio de sus intereses particulares. La plutocracia ecuatoriana se caracterizó por la subordinación del Estado a los poderes económicos privados, la ausencia de políticas sociales y la dependencia del modelo exportador cacaotero, lo que agudizó las desigualdades sociales y provocó descontento en las clases medias y trabajadoras. Desde una perspectiva histórica, este régimen fue visto como la continuación del liberalismo económico sin su espíritu reformista, representando una “República de los banqueros” en la que el dinero y el crédito sustituyeron a la autoridad política como fuente de poder.
Revolución Juliana
fue un movimiento político-militar ocurrido en Ecuador el 28 de julio de 1925, que buscó poner fin a la corrupción y al control político de las élites conservadoras que dominaban el país. Liderada principalmente por jóvenes oficiales del ejército, la revolución se caracterizó por promover cambios sociales y económicos, impulsando la modernización del Estado, la defensa de los trabajadores y la reducción de la influencia de intereses oligárquicos en la política. Su nombre se debe al mes en que se llevó a cabo la acción que derrocó al gobierno de Gonzalo Córdova, marcando el inicio de un período de reformas conocidas como el “Decenio Reformista” en Ecuador.
A lo largo de la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX, Ecuador experimentó una significativa metamorfosis económica y social, propulsada por el incremento del cacao, reconocido como uno de los períodos de mayor crecimiento exportador en la historia nacional. El cacao, conocido como el “oro dulce”, se convirtió en el principal producto de exportación y en el eje de la economía ecuatoriana entre 1870 y 1920, especialmente desde las provincias de Guayas, Los Ríos y Manabí.
El auge cacaotero implicó prosperidad económica y un cambio en las relaciones sociales y políticas. El puerto de Guayaquil se consolidó como el centro económico del país, generando una nueva élite vinculada al comercio y a la exportación. Esta élite, liberal en sus ideas, impulsó un modelo económico abierto al mercado internacional y dependiente de la demanda europea. Las familias cacaoteras, como los Aspiazu, Caamaño o Seminario, se beneficiaron de la bonanza y consolidaron su poder financiero y político.
Sin embargo, este crecimiento tuvo un carácter desigual. Mientras la costa se enriquecía, la sierra seguía anclada en estructuras feudales y en el control de la Iglesia católica. Esta desigualdad territorial y social sería una de las causas de las tensiones políticas entre liberales y conservadores. En este contexto, Eloy Alfaro, líder del liberalismo radical, encabezó la Revolución Liberal de 1895, que buscaba separar al Estado de la Iglesia, modernizar la educación, fortalecer la economía nacional bajo principios laicos y progresistas, para asegurar que el poder no se concentrara en manos de una sola institución, sino que estuviera al servicio de todos los ciudadanos.
La crisis liberal, sin embargo, surgió cuando las reformas de Alfaro chocaron con los intereses de los grupos de poder tradicionales y cuando el ciclo cacaotero empezó a mostrar signos de agotamiento. Las enfermedades del cacao (como la “escoba de bruja”), la sobreproducción mundial y la Primera Guerra Mundial (1914–1918) afectaron severamente las exportaciones ecuatorianas. Las pérdidas económicas generaron malestar social y descontento político, debilitando al liberalismo que había prometido prosperidad y modernización.
Figura 2
Agotamiento del auge cacaotero y crisis liberal
Nota. La imagen evoca la coincidencia temporal entre la Primera Guerra Mundial (1914–1918) y el agotamiento del auge cacaotero, contextualizando el impacto bélico en la economía ecuatoriana. Tomado de Vista de estilo retro de un vehículo tanque de combate en guerra [Imagen generada por IA], de Freepik, s. f., https://www.freepik.es/imagen-ia-gratis/vista-estilo-retro-vehiculo-tanque-combate-guerra_236213383.htm. [Licencia Freepik].
La reacción conservadora se manifestó a partir de la década de 1920, cuando las clases medias y los sectores rurales comenzaron a cuestionar los logros de la Revolución Liberal. El debilitamiento del liderazgo alfarista se debió principalmente a la oposición conservadora y la división dentro del propio grupo de liberales. Además, la revolución quedó incompleta al no lograr una reforma agraria significativa dejando intacta la estructura feudal de la tierra, lo que generó descontento entre los sectores populares que habían apoyado la revolución con la expectativa de un cambio más profundo.
Tras la muerte de Eloy Alfaro en 1912, se abrió paso a una restauración parcial del conservadurismo en las instituciones. Aunque la Iglesia no recuperó su poder político total, el pensamiento tradicionalista volvió a influir en la vida pública, sobre todo en la educación y en la moral social.
14.1 Predominio plutocrático y auge exportador
Tras la crisis liberal, el Ecuador entró en una nueva etapa caracterizada por el predominio plutocrático, que se extendió entre 1912 y 1925. Se denomina así porque el poder político y económico quedó en manos de una , es decir, una minoría adinerada formada por banqueros, comerciantes y exportadores que controlaban la economía nacional. Este grupo consolidó su dominio en un contexto donde el auge exportador del cacao seguía siendo el principal motor económico, aunque con signos de agotamiento.
El predominio plutocrático representó una forma de “República de los banqueros”. La élite guayaquileña, aliada con sectores conservadores serranos, utilizó su poder financiero para influir directamente en el gobierno. El Banco Comercial y Agrícola, por ejemplo, controlaba el crédito, el comercio exterior y, en gran medida, la emisión monetaria. Se presume además que manipulaban elecciones y emitían billetes sin respaldo, lo que provocó inflación y crisis económicas que perjudicaron a las clases populares. En la práctica, el Estado se volvió dependiente de los intereses de este grupo, que buscaba mantener la estabilidad cambiaria y sus beneficios comerciales por encima del bienestar general.
Figura 3
República de los banqueros
Nota. La imagen resalta la influencia de banqueros, comerciantes y exportadores en la etapa histórica ecuatoriana conocida como “plutocracia”. Tomado de Vector 3D de hombre de negocios, de vectorpocket, s. f., https://www.freepik.es/vector-gratis/vector-3d-hombre-negocios_1215543.htm. [Licencia Freepik].
En este período, la economía ecuatoriana continuó dependiendo casi exclusivamente de la exportación de cacao. El auge exportador fortaleció a las casas comerciales extranjeras y a los intermediarios nacionales, pero no generó un desarrollo industrial ni una redistribución de la riqueza. La mayor parte de la población, sobre todo campesina e indígena seguía viviendo en condiciones precarias, sin acceso a servicios básicos ni educación.
El predominio plutocrático también generó tensiones sociales crecientes. Las clases medias urbanas, los obreros y los estudiantes comenzaron a organizarse en sindicatos y asociaciones, influenciados por las ideas socialistas y anarquistas que llegaban de Europa. Estos grupos empezaron a cuestionar la concentración del poder y la ausencia de justicia social.
Figura 4
Sindicatos y asociaciones
Nota. La imagen representa (en el contexto estudiado) la presencia de asociaciones y sindicatos durante el predominio plutocrático, surgida de las tensiones sociales entre clases medias urbanas, obreros y estudiantes. Tomado de Ilustración de fanáticos de fútbol dibujados a mano, de Freepik, s. f., https://www.freepik.es/vector-gratis/ilustracion-fanaticos-futbol-dibujados-mano_33757887.htm. [Licencia Freepik].
Un ejemplo ilustrativo de esta desigualdad fue la huelga general de noviembre de 1922 en Guayaquil, que terminó en una masacre. Los trabajadores protestaban contra los bajos salarios y el encarecimiento de la vida, mientras las autoridades, respaldadas por los empresarios, respondieron con violencia. Este episodio marcó el inicio de un nuevo ciclo de movilización popular y conciencia social en el país.
El modelo plutocrático fue exitoso en términos de estabilidad financiera, pero fracasó en construir un Estado social. Su caída se precipitó con la crisis del cacao en los años 1920, que desplomó los precios internacionales y dejó en ruina a muchas casas exportadoras. La pérdida de confianza en el sistema económico y la indignación social fueron el preludio de la de 1925, que puso fin al dominio de la y abrió paso a un nuevo orden institucional.
A partir de la década de 1920, el Ecuador vivió una etapa de emergencia social y protesta política derivada del agotamiento del modelo económico exportador y de las desigualdades acumuladas durante el predominio plutocrático. Las masas urbanas, los campesinos y los trabajadores comenzaron a exigir derechos y a organizarse colectivamente, lo que dio lugar a una nueva conciencia política y social.
Las primeras manifestaciones de esta emergencia fueron las huelgas obreras en Guayaquil, Quito y otras ciudades. La más emblemática, la de 1922, conocida como la masacre del 15 de noviembre, ocurrió en Guayaquil con la participación de sindicatos y organizaciones de trabajadores y se convirtió en una de las primeras grandes protestas del proletariado ecuatoriano. El descontento se originó en una crisis económica que afectaba a la exportación de cacao y la falta de cumplimiento en el pago de salarios, lo que llevó a manifestaciones y saqueos. La protesta, inicialmente una huelga general, terminó en una violenta masacre a manos del ejército, con un número de víctimas que osciló entre noventa y novecientas personas, sin que los responsables fueran sancionados y se convirtió en un símbolo de la represión estatal frente a la protesta. Este hecho tuvo una influencia cultural significativa ya que inspiró a Joaquín Gallegos Lara para escribir la novela Las cruces sobre el agua.
El contexto internacional también influyó. Tras la Revolución Rusa (1917), las ideas socialistas y marxistas comenzaron a circular en América Latina, inspirando la formación de sindicatos, federaciones de trabajadores y partidos de izquierda. En Ecuador, estas ideas se adaptaron a la realidad local, donde el problema agrario y la explotación indígena se combinaban con la desigualdad urbana.
Durante este período surgieron organizaciones como la Federación Regional de Trabajadores del Ecuador (FRTE) y más tarde el Partido Socialista Ecuatoriano (1926), que representaron los primeros intentos de institucionalizar la lucha obrera y campesina. A nivel educativo y cultural, también aparecieron movimientos reformistas que promovían la educación laica, el voto femenino y la equidad social.
La protesta política no solo fue de clase, sino también generacional. Los jóvenes intelectuales de la llamada “Generación del 30” criticaron la corrupción, el atraso educativo y la dependencia económica del país. Autores como Benjamín Carrión y Alfredo Pareja Diezcanseco abogaron por una modernización nacional basada en la justicia y la cultura.
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Para conocer más sobre Generación del 30, el video muestra cómo surge y por qué se caracteriza la Generación del 30 como intelectuales promotores del realismo social ecuatoriano. ¡Accede aquí!
Un ejemplo ilustrativo de esta transformación fue la Reforma Universitaria, inspirada en el movimiento de Córdoba (Argentina, 1918), que impulsó la autonomía universitaria y el pensamiento crítico. Este proceso contribuyó a la formación de una nueva élite intelectual comprometida con la transformación del país.
La protesta política adquirió un carácter más estructurado con la de 1925, cuando sectores jóvenes de las Fuerzas Armadas, influenciados por las ideas reformistas, derrocaron a la e intentaron reconstruir el Estado sobre bases más sociales y modernas. Este hecho marcó el inicio de un nuevo ciclo político en el que el Estado empezó a intervenir activamente en la economía y en la cuestión social.
La , ocurrida el 9 de julio de 1925, constituye uno de los eventos políticos más significativos del Ecuador del siglo XX. Este movimiento fue protagonizado por oficiales jóvenes del Ejército, conocidos como los “julianos”, quienes derrocaron al régimen plutocrático para instaurar un Estado moderno, intervencionista y socialmente responsable.
El contexto previo era crítico: la crisis del cacao había desplomado la economía, el desempleo aumentaba y los bancos mantenían el control del Estado. Las injusticias sociales y la represión de las protestas habían generado un clima de indignación generalizada. Los militares jóvenes, influenciados por las ideas de justicia social y el nacionalismo económico que circulaban en América Latina, consideraron que la única forma de salvar la nación era intervenir directamente en la política.
La no fue un golpe militar tradicional, sino un movimiento reformista con visión de Estado. Los julianos establecieron una Junta de Gobierno Provisional, integrada por figuras como Luis Napoleón Dillon y Francisco Gómez de la Torre, y comenzaron a impulsar una serie de reformas estructurales. Su objetivo principal era sustituir el Estado oligárquico por un Estado técnico y planificador, capaz de regular la economía y garantizar la equidad social.
Entre las principales reformas impulsadas destacan la creación del Banco Central del Ecuador (1927), la Superintendencia de Bancos y la Caja de Pensiones, instituciones que marcaron el inicio del Estado moderno ecuatoriano. Estas medidas buscaban terminar con el control financiero de la y estabilizar la moneda nacional, dando al Estado un papel activo en la economía.
Figura 6
Banco Central del Ecuador
Nota. La imagen representa el logotipo del Banco Central del Ecuador, hito institucional de la Revolución Juliana que fortaleció el papel del Estado en el control financiero del país. Tomado de Logo del Banco Central del Ecuador, de Banco Central del Ecuador, s. f., https://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Logo_del_Banco_Central_del_Ecuador.png
En el ámbito social, los julianos promovieron la legislación laboral, el impulso a la educación técnica y la participación de nuevos sectores en la vida política. Aunque el movimiento no tuvo un liderazgo civil claro, sus medidas reflejaron una preocupación genuina por el bienestar colectivo y por la necesidad de un Estado que interviniera en la economía con sentido de justicia.
La legislación laboral propuesta por los julianos se enfocó en establecer por primera vez un marco de derechos laborales y en darle al Estado un rol activo en su regulación y aplicación asignándole un papel de intermediario y regulador entre trabajadores y empleadores, designando comités para dictar normativas y reglamentos. Algunos de sus legados importantes fueron la creación del Ministerio de Trabajo, como una entidad estatal para supervisar las relaciones laborales y defender los derechos de los trabajadores, la regulación de las jornadas laborales y el reconocimiento de los derechos de asociación y huelga, aunque la recopilación y consolidación definitiva de estas leyes culminó en el Código del Trabajo de 1938.
Por otro lado, los julianos impulsaron la educación técnica mediante la promoción de obras públicas que fomentaron la modernización y la necesidad de oficios, como el ferrocarril que conectó a la Sierra y la Costa. Esta iniciativa buscaba integrar a la población a la economía agroexportadora y al mismo tiempo, impulsaba la modernización social, fomentando la adquisición de habilidades técnicas para el trabajo y el comercio.
A pesar de sus avances, la enfrentó contradicciones internas. Los sectores conservadores la acusaron de autoritaria, mientras que los obreros y campesinos consideraron que las reformas fueron insuficientes. Hacia 1931, con la caída del gobierno de Isidro Ayora (uno de los presidentes derivados de la revolución), el proyecto juliano se debilitó, aunque sus legados institucionales perduraron.
En perspectiva, la representó el inicio de la modernización institucional del Ecuador. Su legado más duradero fue la creación de un Estado regulador, con instrumentos financieros propios y una visión de desarrollo nacional. Marcó el tránsito de un país dominado por élites comerciales a otro que empezaba a concebir la justicia social como una función del Estado.
Figura 7
Justicia social
Nota. La imagen representa (en el contexto estudiado) la búsqueda colectiva de justicia social impulsada por la indignación ante las desigualdades previas a la Revolución Juliana en el Ecuador. Tomado de Concepto de justicia y paz globales, de brgfx, s. f., https://www.freepik.es/vector-gratis/concepto-justicia-paz-globales_197035507.htm. [Licencia Freepik].
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