REDACCIÓN Y COMPOSICIÓN V - P1069-TEÓRICO-N0326-02-N01
Topic outline
Budismo, Sintoísmo y Taoísmo
Introducción
E
scribir un texto académico no termina cuando se coloca el punto final. Al contrario, ese es apenas el inicio de una fase crucial: la revisión. Un buen escrito no solo debe transmitir ideas claras, sino también cumplir con criterios de coherencia, cohesión, precisión y corrección formal. Revisar es como pulir una piedra preciosa: la forma básica ya está, pero es el trabajo de acabado lo que le da brillo y valor. En ausencia de una revisión, incluso un texto con ideas excelentes puede perder su fuerza y credibilidad sin motivo.
A este proceso se suma la necesidad de respetar la normativa en el manejo de fuentes, en particular las , ampliamente utilizadas en el ámbito académico. Citar y referenciar correctamente no es un detalle decorativo, sino un requisito ético y metodológico. Es lo que permite reconocer el trabajo de otros autores, dar solidez a los argumentos y evitar problemas de plagio. Así, la y el uso adecuado de la normativa APA se convierten en dos pilares que garantizan la calidad y legitimidad de los escritos académicos.
Revisión textual
Proceso de análisis crítico de un escrito que permite detectar y corregir problemas de claridad, coherencia, cohesión, adecuación y corrección formal, con el fin de mejorar su calidad comunicativa.
Normas APA
Conjunto de lineamientos de citación y referencia establecidos por la American Psychological Association, actualmente en su séptima edición, que estandarizan la presentación de fuentes y aportan claridad, uniformidad y credibilidad a los textos académicos.
La es una etapa indispensable en el proceso de escritura. Muchas veces los estudiantes creen que basta con entregar el primer borrador, pero lo cierto es que un texto sin revisión es como un edificio construido, sin inspección: puede estar en pie, pero probablemente tenga fallas estructurales. Revisar un escrito no significa solo corregir errores ortográficos o de redacción, sino evaluar si cumple con los objetivos comunicativos para los que fue creado.
El primer objetivo de la revisión es garantizar la claridad. Un texto académico debe permitir que cualquier lector entienda las ideas sin dificultad. Esto implica leerlo con ojos críticos y preguntarse: ¿se entiende la tesis? ¿Los argumentos están expuestos de manera ordenada? Por ejemplo, si un ensayo afirma que “la educación virtual mejora el aprendizaje autónomo”, la revisión debe comprobar que los argumentos realmente sostienen esa afirmación y que no se diluyen en reflexiones tangenciales.
El segundo objetivo es asegurar la coherencia y cohesión. La coherencia se refiere a la relación lógica entre las ideas, mientras que la cohesión está en relación con los mecanismos lingüísticos que las enlazan. Si en un informe se pasa de describir los resultados de un experimento a reflexionar sobre la educación en general, sin conexión clara, el texto pierde coherencia. Y si no se usan conectores adecuados como “por lo tanto”, “además” o “en contraste”, la cohesión se debilita. La revisión busca detectar estas fallas y ajustarlas.
Un tercer objetivo es la adecuación. Todo texto debe ajustarse a su contexto, propósito y audiencia. Un microensayo para una clase no exige el mismo nivel de formalidad que un artículo científico. Revisar la adecuación significa verificar que el lenguaje, el estilo y el nivel de detalle correspondan al tipo de texto que se está produciendo. Es como asegurarse de usar la ropa adecuada para una ocasión: no se viste igual para una entrevista de trabajo que para una reunión entre amigos.
La revisión también tiene un enfoque formativo. No se trata solo de corregir un texto puntual, sino de aprender del proceso. Cada vez que un estudiante revisa su trabajo, se entrena en detectar patrones de error, en mejorar la organización de sus ideas y en fortalecer su estilo. Con el tiempo, este hábito genera una escritura más consciente y efectiva.
Por último, la revisión debe verse como un proceso en varias capas. La primera lectura puede enfocarse en la estructura general, la segunda en la claridad de las ideas y la tercera en los detalles formales como ortografía, gramática y puntuación. Dividir la tarea en etapas hace que sea más manejable y que no se pase por alto ningún aspecto importante.
11.1.1 Preguntas de verificación según la tipología textual
Revisar un texto no es solo una cuestión de leerlo otra vez; se trata de hacerlo con un propósito claro. Una estrategia muy útil es apoyarse en preguntas de verificación, una especie de checklist mental que ayuda a detectar problemas antes de entregar el trabajo. Estas preguntas no son iguales para todos los géneros, porque cada tipo de texto tiene exigencias particulares. Revisar un ensayo no es lo mismo que revisar una noticia, un cuento o un informe de investigación.
En el caso de los textos informativos, las preguntas clave se centran en la objetividad y la precisión. Al revisar, el autor puede preguntarse: ¿los datos que presento son verificables? ¿Estoy evitando adjetivos valorativos que transmiten opinión? ¿He citado la fuente de la información? Por ejemplo, si en una noticia se escribe “el político tuvo un comportamiento vergonzoso”, la revisión debe detectar que este adjetivo es subjetivo y sustituirlo por una descripción objetiva como “el político interrumpió cinco veces la sesión parlamentaria, según la transcripción oficial”.
Para los textos académicos, las preguntas apuntan a la coherencia de la tesis y los argumentos. Algunas pueden ser: ¿he formulado con claridad mi tesis en la introducción? ¿Cada argumento está respaldado por datos, ejemplos o citas? ¿Las conclusiones corresponden a lo que se expuso en el desarrollo? Imagina un ensayo sobre la educación inclusiva: si la tesis defiende que la tecnología facilita la inclusión, la revisión debe confirmar que los argumentos realmente demuestran esa afirmación y no se dispersan en reflexiones generales sobre la educación.
En los textos narrativos, como un microcuento, la revisión se centra en el efecto literario. Preguntas útiles serían: ¿la narración logra atrapar al lector desde la primera línea? ¿El desenlace sorprende o aporta una reflexión? ¿He evitado detalles innecesarios que rompen la brevedad del género? Un microcuento como “Juan entró al cuarto y apagó la luz” puede parecer plano; la revisión sugeriría añadir un giro final que dé sentido a la narración.
Para los textos líricos, como un haiku, la verificación es distinta. Las preguntas pueden ser: ¿El poema respeta la métrica básica de 5-7-5 sílabas? ¿Se transmite una imagen concreta en lugar de una reflexión abstracta? ¿El tono es contemplativo y no explicativo? Un haiku que diga “la vida es difícil, pero siempre hay esperanza” no cumple con la esencia del género; la revisión debe corregirlo hacia una imagen más evocadora como “noche lluviosa, la farola encendida, gotas que caen”.
Estas preguntas funcionan como semáforos: alertan dónde detenerse, dónde avanzar con precaución y dónde seguir con confianza. No garantizan la perfección absoluta, pero sí evitan que errores comunes pasen desapercibidos. Adoptar este hábito convierte la revisión en un proceso más consciente y efectivo, ajustado a la naturaleza de cada tipología textual.
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11.1.2 Pasos básicos de la revisión mediante checklist
Una manera sencilla y práctica de revisar un texto es usar una checklist, es decir, una lista de pasos que se van verificando uno por uno. Este recurso evita que la revisión se convierta en una lectura apresurada y asegura que no se pasen por alto detalles importantes. Se trata de un procedimiento que organiza la tarea en etapas, de lo general a lo particular, para que el autor pueda afinar su escrito con mayor eficacia.
El primer paso es comprobar la estructura global del texto. Aquí conviene preguntarse: ¿tiene introducción, desarrollo y conclusión? ¿Cada parte cumple su función? Por ejemplo, si un ensayo carece de conclusión, el lector queda con la sensación de que algo está incompleto. Revisar la estructura general es como asegurarse de que una casa tenga cimientos, paredes y techo antes de preocuparse por los detalles decorativos.
El segundo paso es verificar la claridad y coherencia. La revisión en este punto busca detectar ideas repetidas, párrafos desordenados o saltos abruptos de un tema a otro. Una checklist útil podría incluir preguntas como: ¿la tesis está claramente expresada? ¿Los argumentos se presentan en un orden lógico? ¿El texto evita divagaciones? En un informe, por ejemplo, sería un error empezar con conclusiones antes de mostrar los resultados, porque se rompe la secuencia lógica que el lector espera.
El tercer paso consiste en revisar la cohesión. Aquí se trata de identificar si los conectores cumplen su función y si los párrafos se enlazan de manera natural. Preguntas posibles: ¿he usado conectores como “además”, “sin embargo”, “por tanto” en los lugares adecuados? ¿Cada párrafo se conecta con el anterior sin dejar vacíos? Un ensayo que salta de un argumento a otro sin transición puede confundir al lector, aun cuando las ideas sean correctas.
El cuarto paso es la revisión lingüística y ortográfica. Este nivel implica revisar gramática, puntuación y uso adecuado del vocabulario. La lista puede incluir puntos como: ¿hay concordancia entre sujeto y verbo? ¿La puntuación facilita la lectura? ¿He utilizado términos técnicos de manera precisa? Una tilde mal colocada o una coma ausente pueden alterar el sentido de una oración y restar profesionalismo al texto.
El último paso es comprobar la presentación formal. Aquí se revisa el formato general: márgenes, títulos, subtítulos, numeración de páginas y, en textos académicos, la aplicación de normas de citación. No se trata de un detalle menor, porque un trabajo con errores de presentación puede dar una mala impresión, aunque el contenido sea sólido.
Una checklist bien aplicada convierte la revisión en un proceso metódico y menos abrumador. En lugar de leer el texto una y otra vez sin rumbo, el estudiante se guía por pasos claros que le permiten avanzar desde la visión general hasta los detalles más finos. Así, el texto no solo comunica mejor, sino que también transmite rigor y cuidado en su elaboración.
Figura 1
Coherencia textual
Nota. La figura ilustra cómo diferentes ideas se conectan lógica y temáticamente para formar un discurso fluido; muestra nexos, progresión de ideas y consistencia semántica. Adaptado de una publicación en Pinterest (autor no identificado), s. f., Pinterest: https://www.pinterest.com/pin/439804719866730030/
Figura 2
Cohesión textual
Nota. La figura muestra mecanismos lingüísticos que conectan oraciones y párrafos: uso de conjunciones, pronombres de referencia, elipsis, repetición léxica y conectores lógicos. Adaptado de una publicación en Pinterest (autor no identificado), s. f., Pinterest: https://www.pinterest.com/pin/254523816436163936/
En el ámbito académico, un texto no se sostiene únicamente en las ideas del autor. Para tener legitimidad, debe apoyarse en el trabajo de otros investigadores y reconocer esas aportaciones de manera adecuada. Esto se llama referencialidad: la capacidad de un escrito para mostrar de dónde provienen los datos, teorías o argumentos que utiliza. Dicho de otra forma, escribir sin referencias es como construir un puente sin pilares visibles: puede parecer firme, pero carece del soporte que lo respalde.
El uso correcto de citas y referencias cumple varios propósitos. En primer lugar, otorga credibilidad. Cuando un estudiante afirma que “la lectura frecuente mejora la comprensión lectora”, debe acompañar esa afirmación con una fuente confiable, como un estudio académico o un informe institucional. En segundo lugar, permite dar crédito a quienes llevaron a cabo investigaciones previas. Citar a un autor no es un adorno, sino una forma de reconocer el esfuerzo intelectual de otros. Además, las referencias evitan el plagio, un problema grave que puede tener consecuencias éticas y académicas.
Existen diferentes maneras de integrar la referencialidad en un texto. Una de ellas es la cita textual, cuando se reproducen las palabras exactas de un autor. En este caso, se colocan entre comillas y se indica la fuente. Por ejemplo: “La modalidad virtual exige del estudiante un alto nivel de autonomía” (García, 2020, p. 15). Otra forma es la paráfrasis, que consiste en expresar con palabras propias la idea de un autor, pero también requiere mención de la fuente: García (2020) señala que la educación en línea demanda una mayor disciplina por parte del estudiante. Ambas modalidades, la cita y la paráfrasis, son válidas, siempre que se acompañen de la referencia correspondiente en la lista final.
La normativa académica establece reglas claras para organizar estas citas y referencias. Una de las más utilizadas es el estilo APA (American Psychological Association), que fija criterios uniformes sobre cómo presentar autores, títulos, años de publicación y otros datos. Seguir una normativa no solo es una cuestión de formalidad, sino también de orden y transparencia. Gracias a ella, cualquier lector puede rastrear con facilidad las fuentes utilizadas y verificar su validez.
Pensemos en un ejemplo concreto: un ensayo que afirma que “la lectura crítica fortalece la autonomía del estudiante”. Si el autor incluye al pie la referencia “Gómez, 2018”, el lector puede buscar en la lista de referencias la fuente completa y confirmar que se trata de un libro académico publicado en esa fecha. Esa posibilidad de verificación es lo que hace que un texto académico sea confiable y no una simple opinión personal.
La referencialidad y el respeto a la normativa de citación funcionan como un contrato implícito entre escritor y lector. El escritor promete que lo que presenta está sustentado en fuentes reales y verificables, y el lector confía en la seriedad de lo que lee. Este acuerdo es la base de la comunicación académica, donde las ideas se construyen colectivamente y se transmiten con rigor.
11.2.1 Uso correcto de citas y referencias
Aprender a usar citas y referencias de forma correcta es una de las competencias más importantes en la redacción académica. No se trata solo de cumplir un requisito formal, sino de demostrar que el texto dialoga con otros autores y se sostiene en un marco de conocimiento previo. Un escrito que no cita ni referencia es como un edificio construido sin mostrar de qué materiales está hecho: aunque parezca sólido, su valor académico queda en entredicho.
Existen dos formas principales de incorporar las ideas de otros: la cita textual y la paráfrasis. La cita textual consiste en reproducir exactamente las palabras de un autor y colocarlas entre comillas, acompañadas de la referencia correspondiente. Por ejemplo: “La lectura crítica es una herramienta clave para la formación universitaria” (Martínez, 2019, p. 42). Este recurso se usa cuando las palabras originales tienen un valor especial o expresan la idea de manera precisa.
La paráfrasis, en cambio, implica reformular con palabras propias la idea de otro autor. Aunque no se copian textualmente las palabras, la fuente debe ser mencionada. Un ejemplo sería: Martínez (2019) plantea que la lectura crítica es esencial en el proceso de formación en la universidad. Aquí no aparecen comillas porque el autor del nuevo texto reformuló la idea, pero sigue reconociendo al investigador citado.
Un error frecuente es incluir citas sin analizarlas ni comentarlas. Por ejemplo, escribir una página llena de citas textuales seguidas sin ningún comentario propio convierte el texto en una colección de voces ajenas, pero sin la presencia del autor. La buena práctica consiste en integrar las citas dentro del propio razonamiento, explicando por qué son relevantes y cómo se relacionan con la tesis planteada. Es como invitar a alguien a hablar en una mesa redonda: no basta con dejarlo hablar, también hay que responderle o relacionar lo que dice con el tema de discusión.
Las referencias cumplen la función de dar la información completa de las fuentes utilizadas, de manera que cualquier lector pueda localizarlas. Si en el cuerpo del texto aparece “García, 2020”, en la lista de referencias debe encontrarse la entrada completa: García, J. (2020). Educación virtual y autonomía estudiantil. Editorial Universitaria. Esta correspondencia entre cita en el texto y referencia en la lista final es fundamental.
También es importante cuidar la consistencia. Todas las fuentes citadas deben aparecer en la lista final y, al mismo tiempo, no debe incluirse en la lista una obra que no fue mencionada en el texto. Esta coherencia demuestra rigor y respeto académicos.
El uso correcto de citas y referencias permite que el lector reconozca cuáles ideas son propias del autor y cuáles provienen de otros, facilita la verificación de datos y, sobre todo, garantiza que el texto cumpla con el principio de honestidad intelectual que sostiene la producción académica.
11.2.2 Normas APA 7.ª edición aplicadas a los textos
Las , en su séptima edición, son uno de los sistemas de citación más usados en la escritura académica. Su objetivo es estandarizar la manera en la que se presentan las fuentes, de modo que cualquier lector pueda identificar y localizar la información con facilidad. Usar APA no es un capricho editorial, sino una forma de garantizar claridad, uniformidad y transparencia en los textos.
Uno de los aspectos más visibles de APA es la forma de citar dentro del texto. Existen dos modalidades principales: la cita narrativa y la cita parentética. En la cita narrativa, el nombre del autor aparece integrado en la oración: Martínez (2021) afirma que la lectura crítica fortalece la autonomía del estudiante. En la cita parentética, en cambio, los datos aparecen entre paréntesis al final de la idea: La lectura crítica fortalece la autonomía del estudiante (Martínez, 2021). Ambas son correctas, y la elección depende de la fluidez del párrafo.
En cuanto a las referencias completas, APA 7.ª edición establece formatos distintos según el tipo de fuente. Algunos ejemplos básicos:
Libro: Apellido, N. (Año). Título en cursiva. Editorial. Ejemplo: García, J. (2020). Educación virtual y autonomía estudiantil. Editorial Universitaria.
Artículo de revista científica: Apellido, N. (Año). Título del artículo. Título de la revista en cursiva, volumen (número), páginas. https://doi.org/xxxxx Ejemplo: López, M., & Torres, A. (2019). Estrategias digitales para la enseñanza. Revista de Innovación Educativa, 12(3), 45–60. https://doi.org/10.1234/rie.2019.003<7
Página web: Apellido, N. (Año, mes, día). Título de la página. Nombre del sitio web. URL Ejemplo: Pérez, L. (2021, abril 10). La lectura en la era digital. Blog de Educación. https://www.blogeducacion.com/lectura-digital
Figura 3
Normas APA 7
Nota. La figura sintetiza reglas básicas de formato APA 7: tipografía, márgenes, encabezados, citas en el texto y referencias. Adaptado de una publicación en Pinterest (autor no identificado), s. f., Pinterest: https://www.pinterest.com/pin/6192518232323087/
Otro detalle importante es el uso de sangría francesa en la lista de referencias: la primera línea queda alineada a la izquierda y las siguientes se sangran. Esto facilita la lectura y la rápida identificación de las fuentes.
APA 7 también recomienda usar un lenguaje inclusivo y claro. Por ejemplo, en lugar de “los hombres de ciencia”, se prefiere “las personas dedicadas a la ciencia”. Asimismo, establece que se debe usar la letra Times New Roman, tamaño 12 o equivalente, interlineado doble y numeración en todas las páginas.
En el caso de las citas textuales largas, aquellas que superan las 40 palabras, se presentan en un bloque independiente con sangría, sin comillas, manteniendo la referencia al final. Este formato ayuda a diferenciar entre la voz del autor y la del investigador citado.
Aplicar las no es solo cumplir con un requisito formal. Es un ejercicio de honestidad y de organización. Un trabajo académico con citas y referencias bien elaboradas muestra respeto por las fuentes y transmite mayor profesionalismo, mientras que un texto sin estas normas pierde credibilidad y puede ser cuestionado por falta de rigor.
Figura 4
Normas APA 7
Nota. La imagen resume aspectos relevantes del estilo APA 7: márgenes, tipografía, interlineado, encabezados, citas en el texto y formato de referencias. Adaptado de una publicación en Pinterest (autor no identificado), s. f., Pinterest: https://www.pinterest.com/pin/92605336078412163/
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n el ámbito de la redacción académica y profesional, no se basta con poseer ideas brillantes; es esencial que las oraciones estén adecuadamente construidas. Muchas veces un texto pierde claridad no porque el contenido sea débil, sino porque la sintaxis presenta fallas. Estos problemas, conocidos como vicios de construcción, generan confusión en el lector y pueden restar credibilidad al escrito. Es fundamental identificarlos y rectificarlos en la revisión textual, pues facilitan la transmisión de las ideas con exactitud y fluidez.
Dentro de los errores de construcción más comunes se encuentran el uso excesivo del gerundio, las oraciones relativas incorrectamente planteadas, los s (las rupturas en la construcción de la frase) y la voz pasiva utilizada de forma excesiva.Cada uno de estos errores produce un efecto distinto: unos oscurecen el mensaje, otros lo vuelven ambiguo y algunos lo hacen innecesariamente complicado. Revisar la sintaxis es, entonces, como ajustar las piezas de una maquinaria: aunque el motor tenga potencia, si las piezas están mal engranadas, el funcionamiento se vuelve defectuoso.
Anacoluto
Error sintáctico que se produce cuando una oración comienza con una estructura gramatical, pero se interrumpe o cambia de dirección, dejando la frase inconexa y confusa para el lector.
Ambigüedad sintáctica
Situación en la que una oración admite más de una interpretación debido a la mala organización de sus elementos, lo que genera confusión y dificulta la comprensión del mensaje.
Los errores sintácticos son fallos en la construcción de oraciones que afectan la claridad, la cohesión e incluso el sentido de lo expresado. Aunque en la lengua hablada suelen pasar inadvertidos, en la escritura académica y profesional resultan evidentes y disminuyen la calidad del texto. Reconocerlos y corregirlos es indispensable para garantizar una comunicación efectiva.
El primer paso consiste en leer con atención, no solo para seguir las ideas, sino para observar cómo se enlazan. Conviene hacerse preguntas como: ¿la oración se entiende con claridad? ¿Existen repeticiones innecesarias? ¿El orden es lógico? Por ejemplo: “El profesor explicó la tarea, la cual era muy complicada, que los alumnos no lograron comprenderla.” Aquí se mezclan estructuras incompatibles. Corregido: “El profesor explicó la tarea, que era tan complicada que los alumnos no lograron comprenderla.”
Un error frecuente es el uso excesivo del gerundio. En la frase: “El estudiante entregó el examen olvidándose de escribir su nombre”, se genera ambigüedad porque el gerundio indica simultaneidad, pero la acción de olvidar ocurrió antes. Reformulado: “El estudiante entregó el examen, pero había olvidado escribir su nombre.”
Las oraciones demasiado largas también dificultan la comprensión. Por ejemplo: “La universidad, que por su trayectoria y reconocimiento ha formado a miles de estudiantes que en su mayoría se destacan en el ámbito profesional, ha decidido implementar un nuevo programa.” El exceso de incisos hace que la frase sea pesada. Una opción más clara sería dividirla: “La universidad, reconocida por su trayectoria y la formación de estudiantes destacados, ha decidido implementar un nuevo programa. Este busca responder a las necesidades actuales del ámbito profesional.”
Otro punto a revisar es la concordancia. Frases como “Los grupos de trabajo necesitan orientación” presentan un error evidente: lo correcto sería “Los grupos de trabajo necesitan orientación.” Estos detalles, aunque parezcan menores, afectan la seriedad del escrito.
Un texto libre de errores sintácticos no busca ser rebuscado, sino que claro y preciso. Corregir estos fallos transmite profesionalismo y respeto hacia el lector.
Figura 1
Trucos de la sintaxis
Nota. La figura sintetiza estrategias para mejorar la redacción: orden lógico de oraciones, uso preciso de conectores, variación de estructuras, concordancia y puntuación para fluidez. Adaptado de Trucos de la sintaxis, de autor no identificado, s. f., Pinterest: https://es.pinterest.com/pin/6192518232274169/
12.1.1 Uso y abuso del gerundio
El gerundio es útil para expresar acciones simultáneas: “El profesor salió del aula hablando con los estudiantes.” El problema surge cuando se emplea para indicar hechos anteriores o posteriores, o cuando se abusa de él.
Ejemplo incorrecto: “La empresa lanzó un nuevo producto aumentando sus ventas.” El gerundio presenta el aumento como simultáneo al lanzamiento, cuando fue una consecuencia. Corregido: “La empresa lanzó un nuevo producto, lo que permitió aumentar sus ventas.”
También se abusa del gerundio cuando se encadenan varios: “El estudiante estaba escribiendo su ensayo, revisando las citas, agregando ejemplos y corrigiendo los errores.” Una versión más clara es dividir: “El estudiante estaba escribiendo su ensayo. Además, revisaba las citas, agregaba ejemplos y corregía los errores.”
En la escritura académica es común confundirlo con una subordinada. Por ejemplo: “Se aplicó una encuesta a los alumnos, obteniendo resultados significativos.” El gerundio sugiere simultaneidad, aunque los resultados llegaron después. Mejor: “Se aplicó una encuesta a los alumnos, y posteriormente se obtuvieron resultados significativos.”
El gerundio no debe eliminarse del todo. Sirve para dar fluidez cuando las acciones son simultáneas, pero debe evitarse cuando genera ambigüedad temporal o recarga la frase. Una estrategia útil es preguntarse: ¿ocurre la acción del gerundio al mismo tiempo que la principal? Si la respuesta es no, hay que reformular.
Figura 2
Uso del gerundio
Nota. La figura explica criterios para emplear correctamente el gerundio: usarlo para acciones simultáneas o de modo, evitarlo cuando indica acción posterior, y prevenir ambigüedades. Adaptado de Uso del gerundio, de autor no identificado, s. f., Pinterest: https://es.pinterest.com/pin/114560384259365355/
12.1.2 Empleo incorrecto de oraciones relativas
Las oraciones relativas, introducidas por pronombres como “que”, “cual” o “quien”, amplían la información de un sustantivo. Bien usadas, aportan claridad; mal usadas, generan redundancia, ambigüedad o confusión.
Un error común es la redundancia: “El libro que lo leí ayer” debe corregirse a “El libro que leí ayer.” Otro es la discordancia: “Las estudiantes que su profesor explicó la lección aprobaron el examen” da la impresión de que las estudiantes explicaron. Corregido: “Las estudiantes, a quienes su profesor explicó la lección, aprobaron el examen.”
La ambigüedad aparece en frases como: “Hablé con el profesor del curso que estaba cansado.” ¿Quién estaba cansado? Corregido: “Hablé con el profesor del curso, quien estaba cansado.” También ocurre al omitir el relativo: “La investigación presentó datos que no corresponden…” debe corregirse a “La investigación presentó datos que no corresponden…”
Finalmente, el exceso de subordinadas hace que la oración sea pesada. Ejemplo: “El artículo que fue escrito por un investigador que trabaja en la universidad que está en Quito…” puede simplificarse como: “El artículo, escrito por un investigador de una universidad en Quito, presenta resultados interesantes.”
Revisar las oraciones relativas implica cuidar redundancia, concordancia y claridad. De lo contrario, el lector se pierde y desconfía del texto.
Figura 3
Concordancia
Nota. La figura presenta reglas de concordancia gramatical: entre sujeto y verbo (número, persona), entre sustantivo y adjetivo (género, número), y coherencia con pronombres. Adaptado de Concordancia, de autor no identificado, s. f., Pinterest: https://es.pinterest.com/pin/132152570309935708/
Las estructuras defectuosas interrumpen la lógica de la oración o permiten dobles interpretaciones. Son comunes en frases incompletas, ambiguas o con exceso de subordinación.
Ejemplo de oración incompleta: “El estudiante, cuando terminó el examen.” El lector espera más información. Corregido: “El estudiante, cuando terminó el examen, entregó la hoja al profesor.”
La ambigüedad se observa en: “María vio a Juan con el telescopio.” Puede significar que María usaba el telescopio o que lo tenía Juan. Una corrección: “María, usando el telescopio, vio a Juan.”
El abuso de subordinadas también complica: “El profesor que explicó el tema que había sido tratado en la clase anterior que resultó complicado…” puede dividirse en dos frases más claras.
Incluso los pronombres generan confusión: “El profesor habló con el estudiante de su proyecto” no aclara a quién pertenece el proyecto. Reformulado: “El profesor habló con el estudiante sobre el proyecto de este último.”
Revisar estructuras defectuosas significa identificar frases incompletas, pronombres poco claros y excesos de subordinación. Estos ajustes aseguran precisión y profesionalismo.
Figura 4
Tips de escritura
Nota. La figura presenta recomendaciones prácticas para mejorar la escritura: mantener claridad, evitar redundancias, emplear vocabulario preciso, revisar coherencia y cohesión, y corregir errores gramaticales. Adaptado de Tips de escritura, de autor no identificado, s. f., Pinterest: https://es.pinterest.com/pin/1688918606205862/
12.2.1 Anacoluto: rupturas en la construcción
El ocurre cuando una oración comienza con una estructura que no se completa. Ejemplo: “Mi hermano, cuando terminó el examen, los resultados fueron muy buenos.” Corregido: “Mi hermano, cuando terminó el examen, obtuvo muy buenos resultados.”
Otra forma es iniciar una idea y desviarse: “Los estudiantes que presentaron el trabajo, la profesora estaba muy satisfecha.” Mejor: “La profesora estaba muy satisfecha con los estudiantes que presentaron el trabajo.”
Evitar s exige identificar sujeto y verbo principal antes de cerrar la frase. Este tipo de fallas da la impresión de descuido y resta credibilidad en un texto académico.
12.2.2 Voz pasiva, excesiva y su impacto en la claridad
La voz pasiva es correcta, pero si se usa en exceso, hace el texto rígido y pesado. Ejemplo: “El experimento fue realizado por los estudiantes” resulta más directo como: “Los estudiantes realizaron el experimento.”
En informes académicos se repite: “La encuesta fue aplicada por el equipo de investigación, y los resultados fueron analizados por el comité académico.” Reformulado en activa: “El equipo de investigación aplicó la encuesta y el comité académico analizó los resultados.”
La voz pasiva es útil cuando el sujeto no importa: “El ADN fue descubierto en 1869.” El problema surge cuando se convierte en la norma del texto. Una estrategia práctica es subrayar las pasivas y reescribirlas en activa para comprobar si se gana claridad.
Un texto académico claro debe privilegiar la voz activa, que es más directa y refuerza la responsabilidad de los sujetos.
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Figura 5
Voz pasiva
Nota. La figura ejemplifica el uso de la voz pasiva, indicando sus estructuras (ser + participio, se pasivo), casos apropiados (cuando interesa el receptor de la acción) y recomendaciones de estilo (evitar excesivo uso). Adaptado de una publicación en Pinterest (autor no identificado), s. f., Pinterest: https://es.pinterest.com/pin/1688918606205862
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