Topic outline
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APROX.LITERATURA INFAN-JUV.V - P1101-TEÓRICO-N0169-01-N01
PRIMER NIVEL
ELKING RAYMOND ARAUJO BILMONTE
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KARINA ALEXANDRA ORTIZ PACHECO
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Fundamentos de la LIJ
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Introducción
En las últimas décadas, la literatura infantojuvenil ha dejado de ser considerada un ámbito marginal en los estudios literarios para consolidarse como un campo de reflexión crítico, complejo y de creciente relevancia cultural. Lejos de constituir un conjunto homogéneo de textos, la literatura infantojuvenil (LIJ) se configura como un espacio dinámico atravesado por múltiples discursos, prácticas y tensiones que reflejan tanto las transformaciones históricas de la noción de infancia como los debates contemporáneos sobre el sentido y la función de la literatura.
Como señala Cervera (1984), “la literatura infantil no es una literatura menor, sino una literatura distinta, con rasgos propios que responden a las necesidades del lector en formación” (p. 23). Esta afirmación permite reconocer a la LIJ como un sistema literario con convenciones, géneros y circuitos de producción propios. Asimismo, la literatura infantojuvenil cumple una función sociocultural relevante, pues articula dimensiones estéticas, pedagógicas y emocionales. En palabras de Molina (2020), “la literatura infantil y juvenil actúa como un dispositivo simbólico que acompaña el desarrollo cognitivo y emocional del lector” (p. 41).
Literatura infantojuvenil
Conjunto de producciones literarias dirigidas principalmente a niños, niñas y adolescentes, caracterizadas por responder a necesidades cognitivas, emocionales y estéticas propias del lector en formación, y por articular dimensiones literarias, pedagógicas y culturales.
Lectores en formación
Se denomina así a niños, niñas y adolescentes que se encuentran en un proceso progresivo de adquisición y consolidación de competencias lectoras. Este proceso no se limita al desarrollo de habilidades técnicas de decodificación, sino que implica la construcción gradual de capacidades cognitivas, interpretativas, emocionales y críticas que permiten comprender y valorar los textos literarios en relación con la propia experiencia y el contexto sociocultural. En este sentido, el lector en formación desarrolla su identidad lectora mediante la interacción constante con textos, mediadores de lectura y comunidades lectoras
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1.1 La literatura: definición
La literatura puede definirse como el conjunto de producciones discursivas que utilizan el lenguaje con una finalidad estética, expresiva y simbólica, lo que permite representar la experiencia humana a través de distintas formas, como la narrativa, la poesía y el teatro. Más allá de su dimensión comunicativa, la literatura constituye un espacio de creación que construye significados, activa la imaginación y posibilita múltiples interpretaciones en función del contexto cultural y del lector.
Desde una perspectiva educativa y literaria, la literatura no solo transmite contenidos, sino que organiza una experiencia estética en la que el lector participa activamente en la construcción del sentido, articulando emoción, pensamiento y lenguaje.
Antes de profundizar en la definición de Literatura Infantojuvenil (LIJ), es importante visualizar cómo se configura este campo interdisciplinario.
Figura 1
Componentes del campo de la literatura infantojuvenil

Nota. La figura presenta las principales dimensiones que configuran la LIJ: literatura, pedagogía, psicología, cultura e industria editorial, y muestra su carácter articulador. Fuente: Colomer, T. (2010). Elaboración propia, utilizando ChatGPT La (LIJ) constituye un campo de estudio amplio, dinámico y en constante evolución que abarca las producciones discursivas destinadas, principalmente, a niños, niñas y adolescentes. Su desarrollo histórico, sus rasgos estéticos, las funciones que cumple en el proceso de socialización y las relaciones que establece con la pedagogía, la cultura y la industria editorial la convierten en un territorio complejo y multidisciplinario.
Definir la literatura infantojuvenil implica reconocer la dificultad de delimitar un corpus que, en principio, se dirige a un público no homogéneo y cuyas capacidades cognitivas, afectivas y simbólicas varían notablemente según la edad.
Aunque durante décadas se consideró un tipo de literatura menor o subsidiaria de la “gran literatura”, hoy se la entiende como un sistema literario con autonomía relativa, dotado de discursos, convenciones, mediadores y circuitos propios. En este sentido, resulta pertinente ampliar la comprensión de este campo mediante recursos académicos que profundicen en su definición y su alcance. A continuación, se presenta un artículo que complementa esta perspectiva teórica y permite consolidar los conceptos abordados:
Aprende más
La literatura infantil y juvenil: aproximaciones conceptuales y didácticas. Descripción del enlace relacionado: Este documento académico analiza la literatura infantojuvenil desde múltiples enfoques, abordando su definición, características, funciones y su importancia en la formación de lectores, lo que permite profundizar en su comprensión como un campo literario autónomo ¡Accede aquí!
En términos generales, la LIJ se concibe como el conjunto de obras narrativas, poéticas, dramáticas o híbridas producidas para . Estas obras son diseñadas con una intencionalidad específica: facilitar procesos de comprensión del mundo, fomentar habilidades comunicativas, promover valores o, simplemente, ofrecer placer estético. No obstante, esta definición demanda matices: existen textos no escritos originalmente para niños pero que han sido canonizados como parte de la LIJ (como los cuentos de tradición oral o ciertos clásicos adaptados), así como obras concebidas para ellos que poseen un alto grado de complejidad estética o filosófica.
Así, la literatura infantojuvenil no es únicamente “literatura para niños”, sino un espacio discursivo que articula textos, prácticas de lectura, mediadores (docentes, familias, bibliotecarios) y una industria cultural con estrategias propias de producción y legitimación.
Los orígenes de la LIJ, en su forma moderna, suelen ubicarse entre los siglos XVII y XVIII, cuando se produce un giro cultural que reconoce la infancia como una etapa diferenciada del desarrollo humano. La aparición de manuales de urbanidad, libros didácticos y adaptaciones de relatos tradicionales marca el inicio de una producción deliberada dirigida a niños. Autores como Perrault, los hermanos Grimm o Andersen contribuyeron más tarde a consolidar un imaginario literario infantil basado en el cuento de hadas y en narrativas moralizantes.
Durante el siglo XIX, con la expansión de la escolarización y el auge de la imprenta, la literatura para niños se define progresivamente como una herramienta pedagógica. Sin embargo, paralelamente surge un interés por la imaginación y la fantasía como experiencias formativas esenciales, lo que se refleja en obras como Alice in Wonderland de Lewis Carroll, que introduce un tono lúdico y absurdo que desafía la didáctica tradicional.
El siglo XX constituye un punto de inflexión: la LIJ se diversifica temática y estéticamente. Aparecen libros ilustrados de alta calidad, novelas realistas sobre problemáticas sociales y psicológicas, así como obras que integran el humor, la ciencia ficción o el misterio. Autores como Astrid Lindgren, Roald Dahl, Gianni Rodari o J. M. Barrie amplían los límites de lo que puede considerarse literatura para niños y jóvenes. La segunda mitad del siglo, además, presencia la consolidación del mercado editorial especializado y la institucionalización del campo mediante premios, congresos, investigaciones académicas y políticas públicas de lectura.
En la actualidad, la LIJ ocupa un lugar central en la industria cultural: combina elementos literarios, visuales y tecnológicos, explora temas como la diversidad, el medio ambiente o la identidad de género, y se despliega en múltiples formatos (álbumes ilustrados, cómics, narrativa transmedia, libros digitales). Esta expansión evidencia que la LIJ no solo se adapta a las transformaciones sociales, sino que también participa activamente en su configuración.
1.2 Literatura infantojuvenil: características
Aunque la literatura infantojuvenil es heterogénea en géneros, formatos y estilos, es posible identificar ciertos rasgos comunes que caracterizan su producción. Estos no deben entenderse como reglas fijas, sino como tendencias que dialogan con las necesidades y posibilidades cognitivas del público lector.
La LIJ tiende a privilegiar la claridad narrativa, la coherencia estructural y la accesibilidad léxica. Esto no implica simplicidad o pobreza estilística, sino un trabajo cuidadoso con el lenguaje para que el texto pueda ser comprendido y disfrutado por lectores en formación. La progresión narrativa suele ser lineal y los personajes son fácilmente identificables por su función en la trama, aunque las obras contemporáneas exploran cada vez más estructuras no lineales o juegos metaficcionales.
El simbolismo es un componente esencial de la LIJ. A través de metáforas, arquetipos y mundos fantásticos, los textos permiten a los niños elaborar experiencias subjetivas que quizá no pueden expresar de forma directa. Los cuentos de hadas, por ejemplo, funcionan como espacios simbólicos en los que se dramatizan temores, deseos y conflictos inherentes al crecimiento.
Muchos textos infantojuveniles mantienen una fuerte vinculación con la tradición oral: repeticiones, estructuras rítmicas, juegos sonoros o fórmulas convencionales facilitan la memorización y el disfrute. Este rasgo también refuerza la interacción entre narrador y lector, característica fundamental de la LIJ, que suele privilegiar una voz cercana y dialogante.
El componente visual es decisivo en buena parte de la literatura infantil. El álbum ilustrado, en particular, constituye un formato en el que la imagen y el texto conforman un sistema de significación interdependiente. Las ilustraciones no solo acompañan el relato, sino que amplían, contradicen o complejizan su sentido. En la literatura juvenil, aunque el peso del texto es mayor, la visualidad también desempeña un papel importante, especialmente en géneros como el cómic, la novela gráfica o las producciones transmedia.
La LIJ aborda una amplia variedad de temas, desde los más tradicionales hasta los propios de contextos contemporáneos. La selección temática responde tanto a intereses infantiles como a debates sociales.La fantasía ha sido uno de los ejes centrales de la LIJ. A través de animales parlantes, viajes extraordinarios o universos paralelos, los niños acceden a experiencias que les permiten explorar emociones profundas, cuestionar normas y vivir situaciones imposibles en su realidad inmediata. La fantasía no se contrapone al realismo; ambos funcionan como formas complementarias de aproximarse al mundo.
Numerosas obras juveniles se centran en el desarrollo emocional, la autoestima, la construcción de la identidad y los conflictos propios de la adolescencia. La narrativa de iniciación o coming-of-age es especialmente relevante en el ámbito juvenil, pues acompaña procesos de cambio biológico, psicológico y social.
Aunque la literatura ya no se concibe únicamente como un instrumento moralizador, sigue siendo un espacio privilegiado para reflexionar sobre la justicia, la amistad, la empatía, la diversidad y el respeto. La LIJ contemporánea evita el tono sermoneador y apuesta por narrativas en las que los valores emergen de los conflictos y las decisiones de los personajes.
En las últimas décadas, la literatura infantojuvenil (LIJ) ha experimentado un proceso de legitimación en los ámbitos académico y cultural que ha permitido reconocerla como un sistema literario complejo, dinámico y multidisciplinario. Este reconocimiento implica abandonar visiones reduccionistas que la consideraban subordinada a la literatura para adultos, para asumirla como un espacio de producción simbólica con autonomía relativa, atravesado por tensiones entre estética, pedagogía, mercado editorial y mediación cultural. Para comprender mejor esta evolución, se presenta un esquema histórico.
Figura 2
Evolución histórica de la LIJ

Nota. La figura muestra los principales momentos históricos: el origen didáctico, la consolidación pedagógica, la diversificación estética y la actualidad multimodal. Fuente: Cervera, J. (1984). Elaboración propia, utilizando Napkin 1.3 Géneros literarios: clasificación y rasgos
Los géneros literarios son categorías que agrupan las obras según sus características de forma, contenido y finalidad. Esta clasificación permite comprender cómo se organizan los textos y cuáles son las intenciones comunicativas de los autores. Tradicionalmente, los géneros se dividen en narrativo, lírico y dramático, cada uno con rasgos específicos relacionados con el lenguaje, la estructura y la manera de expresar ideas, emociones o acciones. El estudio de los géneros literarios favorece el análisis crítico y la apreciación de la diversidad de manifestaciones literarias. Los géneros literarios permiten comprender las distintas formas en que la literatura comunica experiencias, emociones y visiones del mundo.
En el ámbito de la literatura infantojuvenil, los géneros adquieren, además, una dimensión pedagógica, ya que facilitan el acercamiento progresivo del lector en formación a diversas formas de representación del mundo, contribuyendo al desarrollo de su comprensión, sensibilidad estética y pensamiento crítico. Así, el estudio de los géneros literarios no solo permite reconocer estructuras textuales, sino también valorar la diversidad de experiencias que la literatura ofrece. Analicemos la siguiente infografía sobre el género narrativo en la LIJ.
Figura 3
El género narrativo en la LIJ

Nota. Elaboración propia, utilizando ChatGPT La figura muestra que el género narrativo se caracteriza por relatar historias reales o ficticias mediante personajes, acciones y acontecimientos; en la LIJ se manifiesta a través de cuentos, novelas, leyendas y fábulas que estimulan la imaginación y la reflexión.
Elaboración propia, utilizando ChatGPT
Para continuar con el estudio de los géneros literarios, es necesario detenernos en la lírica, una de las formas de expresión más representativas de la literatura. A través de este género, el lenguaje adquiere una dimensión estética y emocional, lo que permite expresar sentimientos, pensamientos y experiencias de manera subjetiva. La siguiente infografía sintetiza las principales características de la lírica y sus elementos esenciales.
Figura 4
El género lírico en la LIJ

Nota. Elaboración propia, utilizando ChatGPT La figura muestra que el género lírico se caracteriza por expresar sentimientos, emociones y pensamientos de manera subjetiva mediante el uso estético del lenguaje. En la literatura infantojuvenil, se manifiesta principalmente en poemas, canciones y rimas que desarrollan la sensibilidad, la imaginación y la creatividad del lector.
Elaboración propia, utilizando ChatGPT
El género dramático en la literatura infantojuvenil se caracteriza por presentar historias a través de la acción y el diálogo, con la finalidad de ser representadas en un escenario. A diferencia de otros géneros, el drama enfatiza la interacción entre personajes y la construcción de conflictos que se desarrollan mediante la representación. En el ámbito de la LIJ, el género dramático favorece la expresión oral, la creatividad y el trabajo colaborativo, permitiendo a niños y jóvenes explorar emociones y situaciones a través de la interpretación y el juego escénico. Veamos la siguiente infografía que resume sus características.
Figura 5
El género dramático en la LIJ

Nota. Elaboración propia, utilizando ChatGPT La figura presenta el género dramático como una forma de expresión literaria centrada en la acción y el diálogo, cuyo propósito principal es la representación escénica. En el contexto de la literatura infantojuvenil, se caracteriza por la presencia de personajes que interactúan mediante diálogos, la construcción de conflictos que se desarrollan a través de escenas y actos, y un lenguaje accesible que facilita la comprensión del lector o espectador en formación
Elaboración propia, utilizando ChatGPT
1.4 La palabra como materia prima en la literatura infantil y juvenil
La palabra constituye el elemento esencial de la literatura infantil y juvenil (LIJ), pues a través de ella se construyen historias, personajes, emociones y mundos imaginarios que permiten a niñas, niños y jóvenes interpretar la realidad y desarrollar su sensibilidad estética. En la LIJ, el lenguaje no solo cumple una función comunicativa, sino también formativa, creativa y lúdica, pues favorece la imaginación, la expresión emocional y el acercamiento a la cultura escrita desde edades tempranas. Como señala Pedro C. Cerrillo, “la literatura infantil y juvenil debe contribuir a la formación de lectores competentes, críticos y capaces de disfrutar de la lectura” (Cerrillo, 2016, p. 25). Esta afirmación destaca la importancia de la palabra como herramienta fundamental en la construcción de experiencias literarias significativas.
En la literatura infantil y juvenil, las palabras permiten representar experiencias, sentimientos, valores y conocimientos de manera accesible y significativa. Cada texto literario utiliza el lenguaje para crear imágenes mentales y transmitir mensajes que conectan con la experiencia de los lectores.
El uso de palabras sencillas, sonoras y expresivas favorece la comprensión y el disfrute de la lectura, especialmente en la infancia. Asimismo, el lenguaje literario permite a niñas y niños ampliar su vocabulario y desarrollar habilidades comunicativas y cognitivas.
1.4.1 El valor estético del lenguaje
La LIJ se caracteriza por emplear un lenguaje creativo y artístico que busca provocar emociones y despertar la imaginación. Para ello, utiliza diversos recursos literarios como:
- Rimas
- Repeticiones
- Metáforas
- Juegos de palabras
- Onomatopeyas
- Comparaciones
Estos elementos hacen que la lectura sea dinámica y atractiva, favoreciendo la musicalidad y el placer estético. En poemas, cuentos y canciones infantiles, la palabra adquiere un carácter lúdico que invita al juego verbal y a la participación activa del lector.
Las palabras permiten crear mundos ficticios, personajes fantásticos y situaciones imaginarias que enriquecen la experiencia lectora. A través de la narración y la descripción, la literatura infantil y juvenil estimula la fantasía, la curiosidad y la capacidad de interpretar diversas realidades.
La imaginación literaria contribuye al desarrollo emocional y creativo, ya que ayuda a niñas, niños y jóvenes a expresar sentimientos, resolver conflictos y construir su identidad. La exposición constante al lenguaje literario fortalece la comprensión lectora, el pensamiento crítico y la sensibilidad cultural. En la LIJ, la palabra cumple una función educativa al favorecer el diálogo, la reflexión y el desarrollo de valores humanos y sociales.
La mediación de docentes, familias y promotores de lectura resulta fundamental para acercar a los estudiantes a textos literarios de calidad que estimulen el gusto por la lectura y la interpretación crítica de las obras.
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Para profundizar en el estudio de la literatura infantojuvenil, se recomienda consultar el siguiente recurso digital disponible en la biblioteca virtual de la PUCE. En este sentido, el recurso constituye una base conceptual pertinente para comprender la estructura y función de la LIJ, así como su potencial pedagógico en contextos de enseñanza-aprendizaje. ¡Accede aquí!
La palabra es la materia prima de la literatura infantil y juvenil porque constituye el recurso principal para crear significado, transmitir emociones y construir experiencias literarias. Mediante un lenguaje creativo, expresivo y cercano a los lectores, la LIJ favorece el desarrollo de la imaginación, la sensibilidad y las habilidades comunicativas. Por ello, la palabra se convierte en un puente entre la literatura, la cultura y la formación integral de niñas, niños y jóvenes.
Para concluir, podemos decir que la literatura infantojuvenil es un campo multifacético que articula arte, pedagogía, cultura y mercado. Sus fundamentos se construyen a partir de una historia rica y compleja, una diversidad de formatos y géneros, y una interacción constante entre las necesidades de los lectores y los discursos adultos que intentan interpretarlas. En su dimensión estética, la LIJ introduce a niños y jóvenes al poder transformador del lenguaje. En sus dimensiones cognitiva y emocional, favorece la comprensión del mundo y de sí mismos. En su dimensión social, contribuye a formar ciudadanos sensibles, críticos y creativos.
Así entendida, la literatura infantojuvenil no solo entretiene, sino que acompaña, orienta y transforma. Es un espacio simbólico donde los lectores en formación descubren que el mundo puede narrarse de múltiples maneras, y que la imaginación es una vía legítima para explorar la realidad.
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La novela Las brujas de Roald Dahl es una obra clásica que combina fantasía, humor y misterio. A través de una historia envolvente, el autor nos presenta un mundo donde las brujas existen en secreto y representan una amenaza para los niños.
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